reflexión

Cuando el coronavirus nos alcanza

Miro de reojo hacía su escritorio desde el mío: la luz apagada, la silla vacía, el espacio ahí, desocupado, como un recordatorio constante.

Nunca va a volver allí con su camisa planchada y su sonrisa amable. Nunca nos volveremos a dar los buenos días en el pasillo o a compartir un café, vicio de aquellos que trabajamos desde muy temprano, esclavizados a las cadenas que hemos elegido, en pro de la prosperidad.

En su casa, dos niñas pequeñas lloran, mientras su madre intenta explicarles no solo que papá ya no volverá, sino que lo redujeron a una cajita de cenizas que deben llevar de regreso a la tierra que lo vio nacer y emigrar hacía este desierto donde vino a encontrar su final.

La muerte eventualmente alcanzará a alguien que conocemos, a alguien que queremos. Abracémonos mucho en la distancia, cuidémonos aún más, digámonos todo lo que sentimos, desde el corazón. No sabemos cuándo se nos pueden truncar las oportunidades.

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