relato

Regreso

La noche había llegado demasiado pronto y el viento del norte le calaba el frío hasta los huesos. “Estoy loca” se dijo a regañadientes “Solo a mi se me ocurre ponerme lencería de encaje con este clima”. Tenía un nudo de nervios en el estomago, él estaba por llegar, por fin, después de tanta espera, de vuelta a sus brazos.

El tiempo se le hacía eterno, se mordía el labio inferior de los nervios y se enredaba los dedos en el cabello rizado como si al hacerlo las manecillas del reloj pudieran pasar mas de prisa.

<knock knock>

El sonido de la puerta la volvió a la realidad, corrió de prisa a abrirla pero tratando de aparentar calma y naturalidad. Ahí estaba él, con esa enorme y radiante sonrisa que la había conquistado desde el día 1. No salió palabra alguna de su boca, solo la miró a los ojos sin dejar de sonreír y la empujo bruscamente contra la pared.

Por la puerta abierta se filtraba el frío, que ella de algún modo dejo de sentir, y la luz de la luna que le permitía distinguir la silueta de ese hombre que tanto había esperado.

Su piel se estremeció al toque de la suya, sus labios se atacaron con pasión desmedida, las manos de él se enredaron en su cabello y después se colocaron en sus hombros para dejar de besarla un instante y volver a mirarla a los ojos “Te extrañé tanto” susurró, y con la destreza de quienes se conocen cada detalle, cada recoveco, cada proporción, procedieron a arrancarse la ropa.

Cuando las manos de él se deslizaron por debajo de su vestido, sonrío mientras decía con tono de sorpresa “encaje”, su aliento y el perfume de su piel la impregnaron por completo, sintió que tanta espera siempre valía la pena, excitada, agradeció en silencio al mundo que de cualquier lugar donde pudiera estar, estuviera ahí, con ella, en ese instante. Ella de prisa y hábilmente removió el cinturón y bajo el cierre de sus jeans. No necesitaron decirse más nada, se conocían demasiado bien.

Pasaron el resto de la noche fundiendo sus cuerpos el uno en el otro, como si fuera la primera vez, como si fuera la última vez, como si tuvieran que decirse a besos, gemidos y nalgadas todo lo que no se atrevían a decirse de otra manera.

A la mañana siguiente el se habría ido ¿Para siempre? Nunca lo sabía, pero espera que la respuesta fuera no.

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