relato

Hacerse suceder

Eran dos cuerpos que ya se conocían muy bien, con unas ansias desmedidas e incontrolables de volver a sentirse, a explorarse, a saborearse, de recorrer con las manos una piel tantas veces recorrida, tantas veces disfrutada. Se sabían de memoria cada curva, cada pliegue, cada lunar, cada tatuaje.

Cuando estaban juntos el resto del mundo dejaba de existir por un momento, y solo eran dos personas volviéndose a hacer suceder. Escépticos de todos menos de la electricidad que recorría sus cuerpos al tocarse.

Ninguno creía en el destino, pero no podían evitar pensar “¿Y si estamos destinados a seguirnos sucediendo?

Nunca se hacían promesas que sabían que tal vez no podrían cumplir. Cada vez que se encontraban, nunca sabían si sería la última vez y se entregaban como si así lo fuera, cada vez. Cada vez, en momentos de debilidad se confesaban que se querían y cuanto se habían extrañado. Cada vez se daban un beso de despedida, con la secreta esperanza de que fuera de “hasta la próxima vez”.

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