cuento, relato

Reivindicación

Solían encantarme las flores ¿Recuerdas? Sobre todo las gerberas y los girasoles. Y entonces llegaste tú, como un huracán a mi vida: al principio con una engañosa calma que no supe interpretar a tiempo, para después desatar una tempestad que casi me destroza. Pero te sobreviví y ahora soy mas fuerte de lo que nunca creí ser.

Empezó con flores y terminó con lágrimas, ambas muestras de sentimientos tan distintos pero tan hermosos, porque nos recuerdan que estamos vivos, que aun somos capaces de sentir.

Me mandaste rosas y me pareció “romántico” que hubieras averiguado mi dirección. Mi instinto ignoró esa primera señal de advertencia. Después de eso cada que llegabas con flores venían acompañadas de palabras tóxicas que en ese momentos, como muchos venenos, parecían dulces e inofensivas. Me deje envolver hasta que un día, no hubo flores suficientes para disimular que ya no me reconocía a mi misma a tu lado.

No podía permitirme perderme dentro de mi misma, ningún amor lo vale, lo entiendo ahora. Hube de sufrirte para perderme, hube de decir “¡Ya basta!” para empezar a encontrar el camino de regreso a mi misma. Tuve que romperme, para reconstruirme más fuerte, mas hermosa, mas sabia, mas valiente.

Ahora, solo queda reivindicar ante mi las flores, que al verlas ya no te recuerde, que al olerlas no lleguen en tropel a mi mente el miedo que llegaste a darme. Quiero llenarme de margaritas, de gerberas, de girasoles y alcatraces, quiero sentirme rodeada de colores cálidos y fríos, llenarme de paz, curarme de ti.

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