cuento, relato

Déjà-vu

lago

Nada mas poner un pie en ese lugar, Amaranta sintió un escalofrío que le erizo la piel y la puso en alerta, aunque no se explicaba ante que. Una sensación de frío le recorrió de inmediato la espalda, algo muy dentro de si le susurraba “Huye”. Era la primera vez visitando ese lugar, y aun así, no se podía sacudir una lúgubre sensación de déjà-vu.

A primera impresión, era un lugar bellísimo, más en la época invernal en la que se encontraban. Un inmenso lago rodeando de árboles, una casona antigual al fondo, un pequeño oasis de naturaleza y tranquilidad en medio de una ciudad siempre agitada y con prisa. Un pequeño escape de aire fresco.

Debía sentir paz, respirar calma, para eso había ido. Se lo habían recomendado y pensó ¿Por qué no? Llevaba consigo un par de libros y un termo térmico de café veracruzano.

Se acerco, contra todo instinto, al muellecito en la orilla del lago. No tenía sentido haber llegado hasta allí y ni siquiera acercarse lo suficiente para apreciar el espectáculo visual que la madre naturaleza le ofrecía.

Apenas puso un pie en el muelle, sintió formarse un nudo en el estómago. La misma voz en su interior le volvío a decir, esta vez a gritos “Corre”. Era una especie de memoria antigua, que Amaranta no se podía explicar, pero decidió obedecer, y sin abrir sus libros o destapar siquiera su café, le dió la espalda al lago, a los árboles, al aire frío de la mañana que le había invadido el alma.

Se llevó la mano al pecho, justo donde debajo de tanta carne y huesos se encontraba su corazón, de pronto además de miedo, sintió que la invadía una tristeza inmensa, y ella, que se jactaba de su dureza y de lo poco que lloraba, derramo sin poder evitarlo, varias lágrimas.

Lo que Amaranta no sabía, lo que no recordaba, al menos conscientemente, es que en una vida anterior, había sido asesinada en ese lugar, dos manos fuertes y asperas que ella amara, la habían arrastrado a la orilla de ese lago y ahí, en esa agua fría habían extinguido la llama de su vida.

Lo que tampoco podía Amaranta siquiera alcanzar a imaginar, es que desde la sombra de uno de los árboles mas frondosos, justo frente a donde “había sucedido”, alguien la observaba con curiosidad, alguien que también recordaba.

 

Foto e inspiración: @kartofely 

 

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