relato

Amistad es tener siempre un hombro donde llorar

Ella lloraba con todo la capacidad que su cuerpo y alma le permitían. Yo iba sintiendo mi vestido empapándose de sus lágrimas a la altura de mi hombro. Pasaba mi mano por su pelo, usualmente perfecto y esa noche hecho un desastre. La deje llorar todo lo que necesitaba, mientras le decía:

Llora pequeña, lo necesitas. Esta bien equivocarse. Mira que respecto a aquel que no debe ser nombrado, yo estaba segura que envejeceríamos juntos, que algún día discutiriamos sobre los nombres de nuestros hijos y sobre a donde irnos de vacaciones, y cuando todo se vino a bajo, tú estuviste ahí para mi. Dejame ahora estar aquí para ti. Tú eres fuerte y saldrás de esto.

Siguió llorando, se abrazo a mi con fuerza, asimilando mis palabras. Cuando su respiración volvió a la calma, levanto la cara, con una mirada enmarcada en delineador corrido y lágrimas negras.

Tienes razón– Me dijo, y luego añadió –Gracias, vamos a destapar la botella de vino.-

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