reflexión, relato

Después del Terremoto

El 19 de Septiembre de 1985 mis padres eran unos jóvenes de 19 y 22 años, aun no sabían que habrían de conocerse, enamorarse y 3 años después darme el regalo de la vida. Les tocó vivir de lejos los estragos y la tragedia del terremoto. Les tocó ver de lejos a una ciudad tantas veces recorrida destruirse y volverse a levantar.

Recuerdo la primera vez que tuve conciencia de que dicha tragedia había tenido lugar. Era la mañana del 15 aniversario y estabamos en familia viendo las noticias matutinas en la pequeña televisión que tenía mi papá, pese a las protestas de mi mamá, en la cocina (Colocada estrategicamente para ver el fútbol desde la estufa mientras se cocinaba sus botanas). Ese día había una cobertura especial, le estaban celebrando sus XV años a los huerfanos que milagrosamente habían sobrevivido al terremoto el mismo día en que vinieron al mundo. “A algunos los encontraron pegados a los cuerpos de sus madres, ellas los salvaron” recuerdo que me dijo mi madre.

Dos años antes, cuando habíamos vivido en Tapachula, Chiapas, me había acostumbrados a los temblores. El susto mas grande que viví fue, lo recuerdo perfectamente, una noche en que mi hermana y yo le hicimos berrinche a mi pobre madre de que queríamos acampar en el jardín, a lo cual ella accedió, esa noche me despertó su grito “Niñas despierten” en su voz había una angustia y terror que yo nunca había conocido.

Al salir de la tienda de campaña, descalza y en pijama, pude sentir el suelo bajo mis pies moverse, al alzar la vista, los amplios cristales del ventanal de la escalera que subía al segundo piso se agitaban estruendosamente, vi a mi padre bajar con una velocidad impresionante las escaleras, con mi hermanito aun dormido en brazos, paso el temblor, y esa noche los cinco nos acomodamos en la tienda de campaña con capacidad para dos personas ya puesta en el jardín, al día siguiente, al entrar a la casa, nos encontramos a los peces muertos, porque con el movimiento de la tierra había salido expulsados de la pecera.

Hubo sustitos así, pero nos acostumbramos y en los dos años que vivimos allí nunca les dimos mayor importancia, supongo que es lo que pasa cuando vives sobre una falla geológica. Afortunadamente, fuera de la muerte de los peces, nunca hubo alguna tragedia mayor y en los años siguientes en los que nos mudamos varias veces, vivimos en lugares donde la tierra no se estremecía nunca.

El viernes 08 de Septiembre, me levanté, a las 5:00 horas, como siempre cuando me toca subir a la plataforma petrolera en el Golfo de México que superviso, para estar lista para la video conferencia que todos los días a las 06.00 en punto se tiene con el Gerente en tierra.

Ese día, empezamos, como siempre, a repasar las estadísticas de seguridad y tendencias, cuando en eso, el Gerente comenta “Hubo un temblor anoche, por favor confirmen que nuestro personal en tierra se encuentre bien”. Aquí abro un pequeño paréntesis porque, en inglés no existe una palabra para temblor y otra para terremoto, siemplemente se dice earthquake. “Algunos si lo sintieron aquí en la plataforma” comentó un colega, “Leí que en Oaxaca se cayeron casas y se sintió hasta el DF” comentó otro. Hasta ese momento caí en la cuenta de que el Gerente no hablaba de un simple temblor más.

Me entró un pánico tremendo, yo estaba en medio del mar, sin mi celular (Estan prohibidos costa afuera) y no me se el telefono de nadie de memoria. De inmediato pedí una computadora para escribirle a mi madre y pedirle en número de mi padre, que se mudó a la Ciudad de México hace unos meses y marcarle de inmediato. Cuando por fin oí su voz y me dijo que estaba bien, que de hecho se encontraba fuera de la ciudad, sentí un alivio inmenso. Estaba bien. Todo estaba bien.

Tan solo una semana y media después, el lunes, un colega me dijo que iría al día siguiente a la Ciudad de México a recoger una certificación para la plataforma que yo llevaba antes, pero que dado una decisión de  rotación de personal llevada a cabo el año pasado, ahora lleva él. Si dicha rotación no se hubiera dado, al día siguiente hubiera sido yo y no él, quien hubiera tenido que vivir un terremoto.

Era la 1.14 pm y en el grupo de whatsapp de los millenials de la oficina (Usualmente usado para compartir chistes, memes y quejas) otro colega que también había viajado a la Ciudad de México ese día para un curso nos escribió que estaba temblando, yo de nuevo, subestime a la madre Tierra pensando que seguro era una réplica del de Oaxaca y que era algo leve, minutos después nos mandó una foto de la ciudad (Él se encontraba en un piso 25) donde se veía la nube de polvo donde antes hubiera edificios.

De nuevo sentí que me invadía ese pánico por mis seres queridos y amigos. Todo mundo empezó a llamar y las líneas se saturaron. Afortunadamente mi padre me contestó de inmediato por whatsapp que lo habían evacuado de la oficina y que mis otros parientes también estaban bien. De inmediato procedí a hacer una lista mental de todos mis amigos en esa ciudad y comencé a comunicarme con ellos. TODOS ESTABAN A SALVO.Me sentí aliviada, afortunada, feliz.

Pero luego empezaron a circular fotos y videos de edificios cayéndose, de gente en pánico y llorando desconsoladamente por sus seres queridos. Mi padre y mis amigos estaban bien, pero los padres y amigos de muchísimas personas no.

En los días que han pasado desde entonces, he sentido inmensa tristeza al ir viendo en aumento el número de muertos y leer las historias tan tragicas de familias destrozadas y sueños truncados, pero también he sentido un imenso orgullo de la gente de mi país: organizada, empática, altruista, acobigadora.

El reportero José Beltrán de HuffPostMX puso en palabras lo que yo y seguramente miles de mexicanos sienten:

“Han pasado cinco días y siento un escalofrío por todo mi cuerpo. Sé, lo recuerdo constantemente, que yo soy afortunado porque mi familia está bien y mis amigos también. Sé que este escalofrío durará unos minutos. Las familias de los otros trescientos diecinueve desconocidos que perdieron la vida como Leonardo, en cambio, seguirán sintiendo escalofríos por el resto de su vida.”

 

1 comentario en “Después del Terremoto”

  1. Nos a tocado ver y vivir esas tragedias, unas más y otras peor, como en Tapachula incomunicados, sin luz, sin víveres pero siempre al pie del cañoñ

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s