cuento, relato

Crónica de mis libros favoritos y amores pasados: Parte III – Tokio Blues, Haruki Murakami

La última vez que lo vi fue despidiéndonos en un aeropuerto, esa última mirada fue borrosa, empañada por las lágrimas del adiós, y del saber que se había acabado. Había decidido que después de todo “siempre no” podía con la distancia. Tiempo después recuerdo que me dije a mi misma: “Tiene nombre de villano de Disney, eso debió darme una pista de que terminaría siendo un patán”.

Pero recuerdo cuando nos vimos en persona por primera vez, mucho tiempo antes de esas lágrimas y de ese aeropuerto, me dijo que tenía que leer Murakami y me regaló Tokio Blues la dedicatoria dice: “Devóralo con calma o con voracidad minuciosa”.

El libro me gustó tanto que inmediatamente lo anoté en mi lista mental de “Libros que tengo que volver a leer”. Y después, leí “Sauce ciego, mujer dormida”, “Al sur de la frontera al oeste del sol” y por supuesto “Sputnik mi amor”, el cual tarde días en digerir y reflexionar con respecto a su final e incluso me metí a foros de análisis para entenderlo mejor.

No volví a saber de él, y tampoco nunca más deseé saberlo. De él aprendí que las relaciones a distancia son muy difíciles y llenas de obstáculos, que no son para cualquiera y que definitivamente no lo son para mí.

Creo, honestamente, que mi único arrepentimiento es que nunca me devolvió mi cadena de la que colgaba una libélula de acero inoxidable, mi insecto favorito, que le di la primera vez que nos despedimos en un aeropuerto “Toma, para que te lleves un pedacito de mí, guárdamela para cuando volvamos a vernos” pero en medio del drama de terminar conmigo en la siguiente despedida de aeropuerto, la olvide, y la perdí para siempre.

Y creo también, que mi único agradecimiento, es que con él fue la primera vez que escribí poniéndome en los zapatos de otra persona real: él, escribí que pensaba en mí y que se arrepentía y martirizaba por su decisión, y eso me sirvió de desahogo para cerrar el ciclo de su desamor.

Cuando muchos años después me topé con la maravillosa poesía de Elvira Sastre, leí una frase que de inmediato me hizo pensar en él: “Sea lo que sea: gracias por el huracán, deja la puerta abierta a futuros destrozos y posibles arreglos y, por favor, no vuelvas jamás.

 

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