ensayo, relato

Crónica de mis libros favoritos y amores pasados: Parte II – Delirio – Laura Restrepo / Ensayo sobre la ceguera – José Saramago

Todo apuntaba a ser una de esas historias hollywodenses de amor, coaccionados por un amigo en común a asistir a una cita a ciegas que empezó con el pie izquierdo, siendo el impuntual y yo no, pero que culminó con un “Intercambiémonos nuestros libros favoritos para conocernos mejor”. Yo le presté El Árabe de E.M. Hull y el Delirio, de Laura Restrepo.

Cuando me devolvió El Árabe (Porque resultó leer más rápido que yo) me dijó de lo mucho que le gustó que dejaran en francés las frases cariñosas que Ahmed le decía a Diana. Desde ese entonces a veces me hablaba en francés y yo trataba de descífralo.

Y poco después regresó de un viaje y me dio “Ensayo sobre la ceguera” con una dedicatoria que decía: Lucy: Para una persona maravillosa de las que temí estuvieran extintas, gracias por demostrarme lo contrario. Con mucho cariño – MY.

Me di el tiempo de leerlo muchos años después y me abrió la puerta a José Saramago. Cuando tiempo después me compré “Todos los nombres” me detuve a memorizar mis frases favoritas de tanto que me gustó.

De él aprendí que no se puede tener una “lista de requisitos del hombre ideal” porque él las tenía todas, o eso creí en su momento, y entre más alto llega uno, más duele la caída.

En su defensa diré, que nunca me besó o puso una mano encima, me cortejaba como toda madre quiere que cortejen a su niña. Su mayor defecto y punto de quiebre resulto tener nombre y apellido. Tenía novia, de lejos a la que no veía en años y estaba según él, tratando de rehacer su vida.

Al momento de saberlo, con el corazón en la mano, me armé de todo el valor que pude y le dije: -Yo no seré la otra, pero tampoco seré tu amiga, porque yo de ti no quiero tu amistad, así que decídete porque conmigo es todo o nada-

La siguiente vez que nos vimos, yo llevaba en mi bolsa “Delirio” porque no lo había terminado de leer y porque mis entrañas sabían de antemano el desenlace: -Perdóname Lucy, pero hablé con ella y me pidió una oportunidad más para luchar por nosotros-

Le quise devolver “Delirio” pero él me dijo al despedirse de mi -Quédatelo, ahora es tuyo-

Pero yo no podía leerlo, porque al verlo me dolía ese hueco que su partida había dejado en mi pecho. Cuando por fin empecé a sanar, retomé a la delirante Agustina Lodoño y al inquebrantable Aguilar sumidos en la Colombia de Pablo Escobar y me fascinó.

Aconteció entonces que después, contra todo pronóstico, cuando creí que ya lo había superado, volvió a mí, soltero y arrepentido, pidiéndome otra oportunidad. Y yo se lo permití porque creí que podría volver a quererle, y no pude.

 Tiempo después me di cuenta que nunca le quise de verdad, quise al ideal que representaba para mí, a la ilusión y las esperanzas. Pero volvió y le conté que por fin había terminado Delirio y entonces me dijo “¿Y dígame, es mi corbata suficientemente roja?” haciendo referencia al final de la historia entre Agustina y Aguilar. No, no lo fue, creo que ninguno de los dos intentamos realmente que lo fuera.

 

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