ensayo, reflexión, relato

¿Hubiéramos podido marcar una diferencia?

“Maybe we could have saved her, maybe we couldn´t. We will never know”

13 reasons why.

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Hace un par de días empecé a ver una serie llamada “13 reasons why” (13 razones porque), y no pude evitar reflexionar al respecto y encontrar algunos paralelismos que me pusieron a pensar en muchas cosas.

La serie trata de todas las razones, trece obviamente, que orillaron,  a una chica, Hannah de 17 años a suicidarse. Entonces vino a mi mente los recuerdos de cuando yo también tuve 17. Quienes me han conocido en años mas recientes, probablemente me describan como extrovertida, segura de mi misma, y platicadora (Entre muchos otros adjetivos buenos y malos como cualquier persona), pero no siempre fue así.

Yo, como la protagonista de la serie, también fui la chica nueva que sentía que no encajaba del todo en su entorno social y se aislaba leyendo, yo también me enfrente a rumores, apodos, acoso escolar y bromas. Afortunadamente, a diferencia de Hannah, aunque pocos, yo siempre tuve amigos, mis fieles Chang, Banda y Douglas: los amo con todo mi corazón y lo saben, gracias por ese sentido de pertenencia que tanto hace falta en la adolescencia. Y siempre tuve a mi familia, mi hermana es mi mejor amiga y siempre estuvo ahí para escucharme o abrazarme cuando lloraba desconsolada porque habían vuelto a tirar mi mochila a la basura. Gaby: No logró imaginar mi vida sin ti, me daría terror hacerlo, y le ruego a Dios que no me faltes nunca.

Ayer, mientras todos estos pensamientos rondaban mi mente, llegué a la conclusión de que Hannah se suicido porque no pudo con la soledad, porque no tenía nadie con quien desahogarse y porque sentía que no encajaba socialmente en ningún lado.  Y entonces, fue ahí mi punto de quiebre:

Cuando estaba en la universidad me volví mas social, mas segura de mi misma, mas alegre. Pude llevarme, dentro de lo que cabe, bien con mis maestros y compañeros, trabajar en equipo, ir a fiestas. La verdad es que eramos casi todos un salón unido, desde pasar la copia en los exámenes hasta planear nuestra propia fiesta de graduación. Y digo casi, porque hubo un chico que nunca encajó. En 4 años nunca cambio de estilo para vestir ni peinado, llevaba una mochila enorme con todos los libros aunque no siempre tocaran las mismas materias y cargaba hasta una impresora de bolsillo, llegaba mínimo 1 hora antes de la entrada de clases. Todos decíamos que era raro, prácticamente nunca socializaba, y nadie quería nunca hacer equipo con él. Nunca fue a una fiesta, ni siquiera a la de graduación, y la verdad es que en mayor o menos escala, todos, yo incluida, en algún momento nos burlamos de él.

Recuerdo que en el último semestre, empezó a llevar juegos de mesa portátiles para poder convivir con alguien, y varios llegaron a jugar con él scrabble y cosas así. Ahora que lo pienso, seguramente ese fue un  intento por socializar con el grupo, tal vez no sabía como empezar una plática, como romper el hielo, y optó por esa estrategia, no lo sé.

Era tan raro que hasta bromeábamos diciendo “Un día de estos va a llegar con una metralleta y hará una masacre en la escuela”, pero el tiempo hubo de probarnos que la única vida que pudo apagar fue la suya.

El año pasado nos enteramos que se había suicidado, no siguió en contacto con nadie de la generación después de graduarnos, hace ya 8 años, así que nadie de nosotros supo que había pasado en su vida en estos años que lo orillo a tomar una decisión así. Se que no es nuestra culpa.

Aun así, no puedo evitar cuestionarme, si tal vez pudimos haber hecho la diferencia. Tal vez si lo hubiéramos comprendido más, si nos hubiéramos tomado la molestia de llegarlo a conocer o si no nos hubiéramos burlado de él, tal vez si le hubiéramos brindado nuestra amistad, su destino hubiera sido otro. Pero esa es la cuestión, ¿Hubiéramos podido marcar una diferencia? no lo sé y nunca lo sabré.

Y como no importa que tan “adulto” o “independiente” uno pueda llegar a ser, nada consuela tanto como el cálido amor que aún desde la distancia una madre es capaz de transmitir. Mamá: Gracias por escucharme el día de ayer y dejarme desahogar todos estos pensamientos, trajiste calma a mi espíritu, te quiero.

Me dejo de tarea, comprender mas y criticar menos, porque nunca sabemos que pasa por la mente de las personas y que tanto las pueden afectar nuestras palabras. Hagamos de este mundo, un mundo mas amable, mas comprensivo, más cálido.

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