cuento, relato

Dividido

Cristian estaba seguro de que la amaba con todo su corazón, desde mucho antes de que se prometieran amarse para toda la vida y construir un futuro juntos en frente de todas las personas que los querían y que habían sido cómplices y testigos de su amor. Mariana, solo pronunciar su nombre le dibujaba siempre una sonrisa en el rostro.

Los años habían pasado y el aún se levantaba cada día queriendo ver su rostro aun durmiendo. Pero entonces ¿Porque no podía dejar de pensar en Patricia si solo la había visto una vez y no habían compartido mas que un café? Un breve espacio con Patricia basto para que soñara despierto imaginando la textura y el olor de su piel, las conversaciones que seguro tendrían cuando/si se volvieran a ver, los nervios que tendría que controlar al desvestirla por primera vez. -No se si, teniéndola de frente de nuevo, tendría la fuerza de resistir el impulso de besarla- Pensaba Cristian, y lo que era peor, presentía que Patricia se había sentido del mismo modo, y el solo pensamiento hacía que lo invadiera la culpa, como si el tan solo imaginarla y fantasear con ella, fuera una traición a Mariana.

Lo intento negar con todas sus fuerzas, pero la conexión estaba ahí, innegable. Y sin embargo seguía seguro de su amor por Mariana, el amor de su vida, su alma gemela. ¿Como podía ser esto posible? Se preguntaba y al no hallar respuesta fácil, terminaba con dolor de cabeza y un hueco en el estómago que le espantaba el hambre.

Pensó que alejarse de ella sería la solución, pero se equivoco, porque aún sin tocarla, cuando a veces, a muchos kilómetros de distancia platicaban, sentía que de verdad se entendían y no podía evitar imaginar como estaría sonriendo al leer lo que el le escribía. Y cuando llegaba a casa con Mariana, no quería mas que abrazarla y hacerle el amor despacio y con pasión, para recordarse que la amaba tanto y que no podría soportar perderla.

Y caprichoso como es el destino, que no decide nada por ti, pero te pone al frente del camino, para que tu decidas si caminarlo o no, hizo que Patricia y Cristian se encontraran una vez más.

Cristian estaba viajando a una conferencia y sabía que Patricia estaría también en la ciudad para esas fechas. -Solo es un café, ya se lo había prometido- Se dijo, tratando de convencerse que algo tan inocente como una descarga de cafeína no podía ser mala ni traicionera.

Ella conocía mejor la ciudad, así que el se presento, muy puntualmente como siempre, en el lugar acordado. Al verla, sintió que le faltaba el aire, estaba preciosa, en un vestido de flores, casual, largo hasta la rodilla. Al sentarse llamo de inmediato al mesero para pedir un café y disimular su nerviosismo.

Empezaron a ponerse al día sobre sus vidas, el clima, el trabajo y todas las trivialidades de las suelen hablar las personas. Platicaron de libros, de ciencia, de literatura. No se dieron cuenta del pasar de las horas.

-Dijiste que la próxima vez que nos viéramos me cantarías algo- le dijo, y ella sonrío, siendo coqueta sin pretenderlo y le contestó: -Sí, pero me da pena, solo canto en privado- y entonces agregó -Pero vivo aquí a una cuadra, acompáñame y prometo cantarte algo que no ha escuchado nadie-

Todo sus sentidos se pusieron en alerta y la voz de la razón le grito desde muy adentro de su ser “No lo hagas”, pero Cristian no quiso escucharla, dejo unos billetes sobre la mesa, y sin decir nada, se puso en pie. Patricia sonriendo hizo lo mismo.

Caminaron, nerviosos y en silencio los metros entre la calle y el departamento de Patricia. Justo cuando ella giro la llave y empujo la puerta, de improvisto, Cristian la tomo del brazo para detenerla, en un último impulso de resistirla. Pero al girar Patricia sorprendida, sus rostros quedaron demasiado cerca. Cristian no pudo más, y sin dejar de mirarla termino de abrir la puerta. Una vez que ambos pasaron la cerró de golpe, y teniendo a Patricia contra la pared, la besó. Sabía tan dulce, y su piel olía mejor de lo que había imaginado.

A la mañana siguiente, al despertar con Patricia entre los brazos, vibro su celular, era un mensaje de Mariana “Lastima que estés lejos, pero te amo hoy y siempre. ¡Feliz aniversario!”

Cristian sintió ganas inmensas de llorar, divido entre dos mujeres, sabía que tendría que tomar una decisión, y sabía que cualquiera que fuera el resultado, iba a ser doloroso y difícil.

Y allí, desnudo, con Patricia dormida entre sus brazos y Mariana sonriendo en sus pensamientos, Cristian por primera vez en su vida adulta, rompió a llorar.

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Fotografía: @eva_chable

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