cuento

Borrar su nombre

Daniela se despertó llorando, de nuevo, en su lista de canciones al azar, se había reproducido ESA canción, la que antes fuera SU canción, al ritmo de la cuál se solían entregar gustosos al arte del amor.

Lo recordaba como si fuera ayer, la habían descubierto por casualidad y el le había dicho mientras la tenía estrechada entre sus brazos “¿Oíste? Nos describe perfectamente” Una mañana despertamos enredados muertos de miedo nos contemplamos sorprendidos aferrados, ya no es un juego.  Ella había estado de acuerdo y se lo había manifestado a besos.

Pero ahora, ahora el no estaba más en su vida, un día decidió que eran muy diferentes y que su amor, ya no valía el esfuerzo.

Ella hizo de todo por salir adelante y seguir con su vida, y a veces, parecía que lo estaba logrando, cuando de pronto se aparecía esa canción y su rostro se volvía un mar de lágrimas.

Entonces sucedió que un día, el creador de aquella devastadora canción iba a estar en una ciudad muy cercana a la suya y Daniela supo lo que tenía que hacer para borrar su nombre de su corazón.

Compró un asiento en primera fila en el sencillo café donde tendría lugar el concierto,se puso un vestido no muy corto pero si muy entallado, y se pintó los labios de rojo. Tenía que enfrentarse a la canción en sus mejores fachas.

Disfruto el concierto y descubrió que el cantante en cuestión tenía muchas canciones más que le gustaban, cuando llegó ESA canción sintió un nudo en el estomago pero mantuvo la compostura e incluso le lanzó una sonrisa coqueta al cantante.

Al final del concierto la llamó el representante del artista en cuestión, después de todo ella se había sentado hasta adelante y no había pasado desapercibida. Él la recibió con una enorme y pícara sonrisa y su mas seductora mirada que la hizo estremecerse por dentro y le dijo “¿Quieres ser raptada?” Ella le respondió con una sonrisa nerviosa y un “sí” silencioso con la mirada.

Y desde esa noche, cada que escucha la canción, Daniela no se acuerda del que se la dedicó, sino del que la escribió y una noche de improvisto se la cantó, de cerquita al oído y a besos sobre su piel.

Ahora Daniela la escucha, se sonroja y sonríe.

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