reflexión, relato

Morirse de miedo y aún así intentarlo

“Prefiero a la gente que se muere de miedo intentándolo todo, a la que vive tranquila sin haber logrado nada.” Carlos Silva

 

Me había preparado para emprender un reto más, eramos solo mi bicicleta, bautizada Dorne, y yo, contra la altitud y la orografía de la Ciudad de México. Recuerdo que estaba más emocionada que nerviosa, pero sobre todo, feliz.

Una noche antes ordene todo mi uniforme, casco, zapatillas de ciclismo, etc. Acomodé las raciones de líquidos y alimentos especializados para enfrentar los 130 km al día siguiente y me dormí diciendo a mi misma ¡Tu puedes con esto! Hacía apenas dos meses había hecho 160 km, pero en otro clima y otra altitud, y no obstante me sentía segura.

Llegó el día esperado, sonó la salida cuando aún estaba saliendo el sol, miles de ciclistas amateurs se habían dado cita en el famoso Ángel de la independencia para enfrentarse al reto que supone un “Gran Fondo”. La altitud hacia que me faltara el aire y descubrí que no iba lo suficientemente abrigada pero no desistí, había viajado cientos de kilómetros para conquistar un reto deportivo más. Cultivar el cuerpo y la mente, ambos son importantes, es algo que siempre he dicho, por eso, me consentiría al día siguiente yendo a caminar a los puestos de ventas de libros usados en la calle Donceles del centro histórico.

Había recorrido apenas unos 60 km cuando llegamos a unas curvas y bajadas muy pronunciadas, mi velocímetro estaba desconfigurado y no marcaba la velocidad, pero teniendo la referencia de haber alcanzado en carreras anteriores, en bajadas hasta 70 km/hr, esta vez se sentía mas rápido. Me agarré fuerte de Dorne y en cada bajada trataba de frenar “de a poquito” como decía el coach. Recuerdo que tuve miedo, nunca había estado en una carrera donde no cerraran las calles o carreteras, los coches nos pasaban muy de cerca y nunca había ido tan rápido.

Y entonces sucedió.

Después de unas 4 bajadas en curva continuas me encontré un tope en mi camino. Lo último que recuerdo es salir volando al pasarlo a más de 70 km/hr. Cuando abrí los ojos estaba en una camilla a bordo de una ambulancia rumbo a un hospital. El paramédico alumbro mis ojos recién abiertos con una luz y me preguntó la fecha y mi nombre. Me dolía todo el cuerpo, no podía mover una de mis manos y tenía frío.

Hoy, un par de meses después de todo lo ocurrido, Dorne y yo estamos listas para volver el arduo camino de prepararnos para los retos por venir. Ahora me enfrentaré a ellos con una experiencia mas sobre mis hombros y un par de cicatrices en mi cuerpo, recordatorios constantes de que cualquier puede caerse, pero esta en nosotros y nuestra voluntad, levantarnos y no darnos por vencido.

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4 comentarios en “Morirse de miedo y aún así intentarlo”

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