cuento, reflexión, relato

Corazón emigrante

Mi corazón late en emigrante desde que tengo uso de razón, para cuando tenía 4 años ya había vivido en tres ciudades diferentes y las mudanzas fueron una constante en mi vida durante la siguiente década.

No es que no me considere de ningún lado, sino más bien, que me considero de todos lados. Verás, una parte de mi corazón se quedó en el norte junto con mis recuerdos de aprender a escribir y a trepar a los árboles en cada parque al que me llevaba mi madre; otro pedacito se quedó en la frontera sur donde aprendí a andar en bicicleta y a tolerar temperaturas de más de 40º C, y por supuesto otro pedacito en el centro del país, en sus bosques templados y sus edificios históricos.
En resumen, no siento ningún lado mi hogar, y en estos años sobre la Tierra, lo que he aprendido es:
  • Que hogar no es un código postal sino unos brazos amorosos y expectantes.
  • Qué no importa donde despierte, si lo primero que veo es tu sonrisa.
  • Que mi mejor almohada es tu pecho.
  • Que mi mejor espejo son tus ojos.
  • Que la mejor interrupción para cualquier silencio es tu risa escandalosa.
Después de todo, Elvira Sastre lo dijo ya “Para mí cualquier lugar es mi casa, si eres tú quien abre la puerta”

2 comentarios en “Corazón emigrante”

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