relato

No puedo evitar arder

Este clima tan frío y nublado me pone nostálgica, hace que me den ganas de alejarme de todos, ponerme a releer fragmentos de mis libros favoritos y hacer chocolate caliente. Y no puedo evitar sino preguntarme ¿Podría todo eso alejarme del recuerdo de tu sonrisa?

Y es que esto de extrañarte tanto sabiéndote lejano, esto de querer tenerte sabiendo que no eres mío, de cuestionarme si llegarás a serlo. Esto de las dudas que carcomen lentamente, que nublan el juicio y los pensamientos.

Verás mi amor, estoy hecha de buena madera, no puedo evitar arder. Y ardo con solo traer a mi memoria el recuerdo de tus besos sobre mi piel, de tus manos sosteniendo las mías, acariciando mi cabello, desvistiéndome. ¿Porque no vienes y ardemos juntos?

Ven y regalame la voz con la que despierto a otras vidas.

1 comentario en “No puedo evitar arder”

  1. No es un clima frío para él, ni de cerca ni de lejos, pero está alejado de todos.
    En el escritorio, compartiendo el tiempo con su mudo testigo de tantos desvelos y de tantas lecturas,
    proyectos y amaneceres, donde se escuchan las teclas y el crujir de las hojas de algún expediente.

    Sin chocolate, revisando las fojas de una misión nueva, de un nuevo tropel.
    Utilizando como siempre todo ese bálsamo injusto para intentar alejar sus perplejidades.
    Y entonces, preguntóse así mismo: ¿será que este camino este otra vez transitable para salir de su recuerdo?.
    Y es que ya lo ha recorrido muchas otras veces, lo ha gastado, no hay pavimento, es corrioso pero ha funcionado.
    ¿Habrá otro?.

    Quiere olvidar su cabello negro, largo, su piel que ni tocó, sus manos que ni rozó y su risa que lo embrujó…
    Y esta loco, dice que puede seguir hasta amanecer señalando todo lo que se quiere quitar de ella,
    sabiendo bien todos que es puro recuerdo, niega perderlo.

    La vio en un agosto en la noche, allá donde abundan los faros, las luces, las voces y el canto.
    Meció sus cabellos y disimularon no verse pero se saben, se reconocen, son pocas horas las que los separan.
    El tan de llano y ella en montañas.

    Que lástima, un corazón ajeno es el que los separa, vaya distancia, es la más larga.
    No quiso arder, no quiso quemarse, no se interpuso en sus caminos suavemente como niebla, ni como lobo ante su presa sutilmente la acechó, no despertó pasiones negras en el corazón de ella ni sembró la mala hierba en el corazón de él.

    Y sin embargo, a veces sueña que devasta su cuerpo, que se bebe su boca y luego, cuando prende el fuego…se pierde como las olas…

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