cuento, reflexión, relato

Tanto supusimos y tanto nos equivocamos.

Ese día estuve a punto de marcharme ¿Recuerdas? Se te había hecho tarde. Vaya para dejar una primera mala impresión. Me dije a mi misma que me acabaría el café y después me marcharía para siempre.

Llegaste justo cuando estaba a un par de sorbos de terminármelo. Entraste con tu mejor sonrisa y los ojos llenos de arrepentimiento por la demora. Cuanto me alegro ahora de no haber bebido el café tan de prisa.

Me saludaste y yo te regalé mi mirada mas encantadora. Cuando me vine a dar cuenta, eramos los únicos que quedaban el el lugar, que ya estaba por cerrar. Creo que ninguno noto el paso del tiempo, enfrascados en una conversación llena de trivialidades, intereses, sueños y demás platicas que saltaban de tema en tema y de risa coqueta en mirada incitadora.

Se suponía que solo sería un café.

Se suponía que no nos daríamos nuestros teléfonos, muchos menos nuestros nombres.

Tanto supusimos y tanto nos equivocamos.

Una cita pensada para un par de horas se convirtió en un fin de semana espontáneo, atrevido, sensual y tierno.

Míranos ahora cariño, contando los días para volver a vernos. ¿Quien lo hubiera pensando? No tu, no yo, la vida.

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