cuento, relato

Ella tan luz. El tan viento.

Ella era un ser de luz: etéreo y deslumbrante, allá a donde iba llevaba consigo una luz cálida que menguaba el frío hasta en las almas más frías y solitarias. Nunca se quedaba mas que el tiempo suficiente para iluminar los corazones de los que dudaban, barriendo sus miedos e inseguridades.
El era un viento, había danzado entre tantas tempestades y tormentas que ya no recordaba lo que eran la paz y la calma. Iba y venía a su antojo, sin plan, sin ataduras, disfrutando de la adrenalina del momento, de la pasión del peligro.
Y entonces un día paso, como estaba escrito que habría de suceder, que la luz y el viento se encontraron.
Ella sintió algo desconocido en su interior vibrar y el se estremeció ante tan impresionante belleza. Ella quiso llevarle luz cálida a su corazón fuerte pero temeroso y el quiso mostrarle la pasión que sabía era capaz de sentir, quiso por un instante, quedarse y ser una suave y leve brisa que danzará a su alrededor y despeinara sus cabellos largos.
Fue mágico, fue intenso, y en lo efímero estuvo la belleza de ello. Porque él fue incapaz de quedarse, y ella fue incapaz de resistirlo, y su luz fue apagándose.
La luz se extinguió del mundo, la oscuridad reino primero la tierra y luego los corazones de los mortales.
Por fin entonces el viento se detuvo, solitario y vacío, a lamentarse.

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