cuento, relato

Empezó con una sonrisa

Ella lo quería como sólo se puede querer cuando tienes 16 años.

A ese edad donde la inocencia roza con la tentación, cuando un mar de sensaciones hasta entonces nuevas y desconocidas empiezan a invadir el cuerpo y nublar el juicio.

Ella le sonreía nerviosa y tímidamente y el le devolvía una sonrisa que reflejaba seguridad. Era una noche fría de campamento y ella tenía un vaso de café instantáneo, lo único semi-decente en esa zona montañosa.

Cuando ella notó que el se estaba acercando, sintió un nudo de nerviosismo en la boca del estomago y empezó a preocuparse de que seguramente estaba demasiado despeinada y cubierta de una chamarra sobre un suéter sobre un par de playeras, el frío definitivamente no era lo suyo,  ya empezaba a extrañar el calor cálido-húmedo de su pueblo.

La saludo y lo primero que notó fue su acento, no era de por sus rumbos. Armándose de valor le siguió la plática, que fluyo con la comodidad de dos personas con mucho en común. Al final de la noche, intercambiaron emails.

¿Quien diría que lo que empezó con una sonrisa terminaría con una amistad de más de una década? Ella pronto iría a verlo prometer el resto de su vida junto a otra mujer y no podía estar más feliz por ello. Los romances se evaporan con facilidad, pero los que se convierten en amistades sinceras, esos perduran los tiempos y las distancias.

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