cuento, reflexión, relato

No me sueltes

Ella había tomado con mucho cuidado su corazón que aún latía pero apenas después de tanto altibajos, y lo guardo en una cajita prácticamente inaccesible. Protegida con candados, acertijos y sortilegios, se prometió no volver a exponerlo.

“Así la vida sería mas fácil” se decía en voz alta tratando de convencerse, “Así nadie volverá a hacerte daño”.

Y entonces por un tiempo se sintió libre, río a carcajada suelta, conoció personas y lugares, disfruto de cada instante, se dejo llevar por la vida como el viento que danza entre las hojas de los árboles otoñales arrancando poco a poco las hojas ya secas. Los escogía bien, aquellos que sabía no podrían alcanzar ese cajita secreta en el ático de su alma.

Pero llego él, la hacía reír y la trataba con una ternura que ya casi no recordaba. Y cuando la miraba a los ojos, sentía que le rozaba el alma. Pensó que tenía el control, pensó que podría guardar la distancia, pensó que la cajita estaba segura, protegida, inaccesible. Se equivocó. Se dio cuenta una noche, que despidiéndose, el le dio un abrazo fuerte y ella se descubrió a si misma sonriendo, acurrucando su cabeza en su hombro y aspirando su aroma.

No, no, no. Una parte de ella le decía “Huye” “Recuerda”. Los demonios de su pasado se abalanzaron en tropel por sus pensamientos, atormentándola. “Huye, huye ahora o pronto será muy tarde”.

Pero en cambio, ella le devolvió el abrazo con la misma fortaleza y le susurró al oído con una voz temblorosa “No me sueltes”.

beneficios-abrazo

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