relato

Perderse entre páginas y letras

Existimos muchos tipos de lectores, leemos de otros mundos, de otras épocas, de filosofía, historia, ficción. Algunos danzamos entre estilos y autores, pero todos, todos amamos perdernos entre páginas y letras, imaginarnos los lugares y a las personajes, sufrir sus desventuras, festejar sus hazañas. Los libros nos permiten perdernos, desconectarnos de la realidad, por horas o por días. No eres solo tú, eres el Corsario Negro arrojando a Honorata al mar, Daniel Sempere tratando de descifrar que fue de Julián Carax, eres Ayla entendiendo el origen de la vida y hasta Katniss Everdeen luchando con tus demonios internos e inseguridades.

¿Pero que pasa cuando no puedes escapar de tu realidad porque todo a donde intentes huir te la recuerda?

A mi me gusta regalar libros, porque quiero, porque puedo, porque si. Bien dijo Carlos Ruiz Zafón “Los regalos se hacen por gusto del que regala.” Aunque no sea cumpleaños, ni navidad, aunque los destinatarios no sean tan cercanos a mi, es un placer pensar que pones historias en manos de alguien más, que estas tal vez pinten sonrisas en sus labios, nostalgia en sus ojos y chispas en sus mentes.

Los lectores apasionados, hemos leído nuestros libros favoritos muchas veces, ya sea completos o extractos de capítulos que tocaron lo más profundo de nosotros. Tenemos momentos donde volvemos a ellos, como quien vuelve a ese lugar donde alguna vez amó la vida.

Tenía yo 16 años la primera vez que leí, y digo primera porque lo he leído tres veces, “De amor y de sombra de Isabel Allende” esa novela chilena de 1984 de un romance durante la dictadura de Augusto Pinochet. Aun recuerdo lo que sentía cuando el gobierno censura la libertad de expresión de sus ciudadanos, cuando los protagonistas encuentran tumbas clandestinas y destapan historias de brutalidad policíaca, como poco a poco a Irene se le va cayendo la venda de los ojos sobre la situación de su país y decide actuar, costándole casi la vida.

Lo leía y se veía tan lejano, en el siglo pasado. Tan atrás en el tiempo, cuando yo ni llegaba a este mundo. Tan distante de mi realidad, al otro lado del hemisferio.

Una década después, me da tristeza recordar uno de mis libros favoritos y pensar en como esta ahora mi país. Y no puedo evitar sino preguntarme, si también necesitaremos sangre de tantos inocentes para lograr un cambio…

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