relato

Decir Adiós

cementerioTrataba de entenderlo y no podía, y lo cierto es que le asustaba la idea de que algunas cosas a veces escapaban a su control. Hasta un par de días antes hubiera asegurado con toda confianza que sus planes se ejecutarían en tiempo y forma, para el todo era premeditado, tenía por costumbre analizar las variables, calculas los riesgos y las probabilidades de éxito y error, solía sentirse orgulloso de la forma en que su mente trabajaba.

Pero ahora, ella se había ido, y era imposible que volviera, cuando él pensaba en ella el “para siempre” solía venir con imágenes mentales de felicidad, de una vida juntos que ya no podrían tener, viajes a lugares que ya no recorrerían tomados de la mano disfrutando el paisaje y ocasionalmente mirándose el uno al otro solo para capturar toda la escena y la belleza que esta arrastraría a sus almas, pero ahora él “para siempre” lo arrastraba a un dolor que le retorcía la entrañas en una agonía de la que solo quería escapar y no podía.

Convirtió las visitas en parte de su agenda semanal, y en ese lugar que solía ser representado como terrorífico, escalofriante, misterioso, allí el encontraba paz, allí se sentía más cercano a esa mujer que había sido, y de algún modo siempre lo sería, la otra mitad de su alma, su complemento perfecto.

Con el paso del tiempo se convenció de que en honor a ella debía vivir por ambos, se libero poco a poco de sus miedos y ataduras, y viajo a los lugares que nunca soñó, logro escalar montañas, rapelear cascadas y hasta comer tacos de dudosa procedencia e incluso probar algunos manjares exóticos de origen desconocido, hizo todo lo que quiso sin pensarlo dos veces, jamás volvió a quedarse con ganas de nada, un tiempo hasta probo dejarse crecer la espesa barba castaña y descubrió que se le cerraba de candado, al verse al espejo su primer pensamiento fue “A ella le gustaría”.

Cuando sintió, casi como en un presentimiento que su vida estaba llegando a su fin, volvió a visitarla, sacudió el polvo que se había acumulado y que parecía querer persistir entre los bordes de las letras y la misma paz volvió a invadirlo por completo, no necesitaba cerrar los ojos para imaginar su presencia y volver a sentir el roce de sus labios sobre su piel, pero aun así lo hizo, dejo que el viento lo despeinara levemente y lo acariciará con la ternura de la cotidianidad. De repente la sintió aun más cercana y creyó escuchar en el viento su voz llamándolo, no tuvo miedo, no abrió los ojos, simplemente se dejó ir…. y por fin volvieron a estar completos.

 

Fotografía: Liliana Baldemar

Mayo 2011

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