cuento, relato

Vagabundos

A veces aquello a lo que llamamos hogar no tiene un código postal sino un par de brazos que esperas siempre estén ahí para sostenerte. Y a veces entonces pasa que nos quedamos como vagabundos, sin dirección fija a donde llegue el correo, andando por la vida sin rumbo fijo, con la correspondencia acumulándose en algún buzón viejo y oxidado, como los corazones dejados a merced de la intemperie de la vida.

Nos preguntamos entonces ¿Que remedio? Si no se le puede quitar la memoria a la piel de la misma manera que el viento no dejará de despeinarnos y transportarnos a la época donde eran unas manos las que acariciaban nuestros cabellos y rozaban seductoramente nuestros cuerpos.

Entonces empezamos a andar sin rumbo fijo y a veces, como en automático, terminamos en lo que antaño fueran nuestros lugares de siempre, donde nos sentimos acaso un poco menos lejanos a aquellos que decidieron marcharse, de quienes hicieron promesas que no sabían si podrían cumplir, porque hoy en día así es el mundo, de palabras vacías: “Siempre voy a estar aquí para ti” “No te voy a dejar ir de mi lado” “Se que el que tu y yo nos encontráramos no fue coincidencia“.

¿Y que pasa? Que muchas veces el cinismo empieza a enraizarse en nuestros corazones.

Pero de nada sirve, porque seguimos vagabundos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s