cuento, relato

De romance y música

Llegue al punto de encuentro acordado 15 minutos antes de la hora en la que deberíamos de vernos, era inevitable, la puntualidad esta tan arraiga en mi igual o más que mi necesidad de una taza de café por las mañanas y de un poco de lectura antes de dormir. No recordaba la última vez que había estado tan nerviosa, aún tenía en la mano mi boleto del autobús que me había llevado hasta ahí y que ahora era un amorfo pedazo de papel de tantas vueltas y dobleces que le había dado en un afán sin sentido por tratar de que el tiempo pasará más rápido, relatividad, me hace pensar “¿Qué hubiera dicho Einstein?”, probablemente se hubiera reído de mí en mi cara.

Me había puesto un vestido ligero y fresco, me decía que era por el calor, mentira absoluta pues soy prácticamente inmune a sus efectos, supongo que es una consecuencia de vivir en un clima tan tropical. Lo cierto es que me lo imaginaba poniéndome de espaldas a la pared y deslizando sus manos por debajo del vestido mientras yo aferraba las mías a su largo cabello oscuro en un arranque de pasión.

Eran la combinación más improbable y efímera, un rockstar fiestero y una workaholic nerd, pero los círculos infinitos del destino siempre han sido impredecibles. Y allí estaba ella, a la espera, preguntándose si él también estaría tan nervioso.

Entonces empezó a llover y ella fue a refugiarse a un techo afuera del punto de encuentro. De repente una figura apareció entre la lluvia, distinguió su cabello despeinado, y lo cierto es que la guitarra a la espalda delataba también su identidad. Corrió directo hacía ella, al tenerlo cerca le regalo su más amplia sonrisa y se rió de su delineador ahora corrido a causa de la lluvia. Él le devolvió la sonrisa ya acto seguido tomo su rostro con sus manos mojadas y la beso como llevaba tanto tiempo soñando. La tomó de la mano y la transporto a donde no pudieran ser molestados. Él pudo por fin sentir esa suave piel que tanto había añorado, respirarla, memorizarla, acariciarla y saborearla. La desvistió lentamente y con una ternura inesperada, le cantó mirando a los ojos mientras sus dedos sacaban de su guitarra notas que ambientaban el momento de manera perfecta.

Junio 2012
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